Viernes, 28 de marzo, 2025
Las autoridades egipcias deben poner en libertad inmediata e incondicional a Oqba Hashad, estudiante egipcio que lleva casi seis años recluido en una prolongada prisión preventiva exclusivamente como castigo por el activismo de derechos humanos de su hermano. Así lo ha manifestado hoy Amnistía Internacional. Esta demanda se ve amplificada por un importante aumento del apoyo global, evidenciado por las casi 33.000 firmas reunidas en la campaña de Amnistía Internacional Escribe por los Derechos para pedir su liberación.
Desde su detención arbitraria el 20 de mayo de 2019, las autoridades egipcias han sometido a Oqba Hashad a una larga lista de violaciones de derechos humanos, entre ellas desaparición forzada y tortura y otros malos tratos tales como palizas, descargas eléctricas y negación de la atención médica adecuada. Las autoridades no han proporcionado a este estudiante una prótesis de pierna funcional: de niño le amputaron la pierna derecha a la altura de la rodilla, a consecuencia de un accidente. Aunque la administración de la prisión inició el procedimiento para proporcionarle una prótesis en febrero de 2025 (más de un año después de que la familia la solicitara), aún no la ha recibido. A Oqba Hashad también le han negado atención médica especializada, incluido el acceso a los antisépticos y las herramientas de esterilización que necesita para su muñón.
“Oqba Hashad ha sido víctima de una cruel y flagrante injusticia. Para empezar, nunca debió haber sido detenido, y no digamos ya ser forzado a pasar casi seis años injustamente entre rejas. Ya es hora de que las autoridades egipcias atiendan los llamamientos de decenas de miles de personas de todo el mundo que piden su liberación, pongan fin a su terrible suplicio y lo liberen de forma inmediata e incondicional”, ha manifestado Souleimene Benghazi, responsable de campañas sobre Egipto de Amnistía Internacional.
Oqba Hashad ha sido víctima de una cruel y flagrante injusticia.
Souleimene Benghazi, responsable de campañas sobre Egipto de Amnistía Internacional
Las autoridades egipcias han seguido manteniendo a Oqba Hashad detenido sin juicio más allá del límite legal de dos años para la prisión preventiva; para ello han utilizado la práctica abusiva de la “rotación”. El 20 de febrero de 2024, un juez ordenó la liberación del estudiante pero, en lugar de eso, las fuerzas de seguridad lo sometieron a desaparición forzada desde el 22 de febrero hasta el 2 de marzo de 2024, para luego detenerlo en una nueva causa por cargos similares de unirse a un grupo terrorista y financiarlo.
“El hecho de que Oqba Hashad fuera acusado de nuevos cargos falsos en lugar de ser liberado una vez transcurrido el límite de la prisión preventiva resulta indignante. Esta flagrante manipulación del sistema judicial pone de manifiesto el desprecio de las autoridades hacia el derecho internacional. También subraya la urgente necesidad de que la comunidad internacional presione a las autoridades egipcias para que pongan fin a esta grave injusticia de una vez por todas”, ha manifestado Souleimene Benghazi.
La prolongada e inhumana detención de Oqba Hashad ha tenido importantes consecuencias en su salud física y mental. La falta de la prótesis de pierna le ha provocado un fuerte dolor de espalda y dificulta notablemente su movilidad. Sus familiares han informado a Amnistía Internacional de un dramático deterioro de su bienestar mental.
Información complementaria
El caso de Oqba Hashad se incluyó en la campaña global anual de Amnistía Internacional Escribe por los Derechos, cuya finalidad es sensibilizar y reclamar justicia para las personas cuyos derechos humanos están amenazados. La petición por la liberación de Oqba Hashad ha reunido casi 33.000 firmas, lo que demuestra la preocupación generalizada por su terrible situación.
Durante su detención, Oqba Hashad fue interrogado en múltiples ocasiones sobre las actividades de su hermano, Amr Hashad, activista de derechos humanos que abandonó Egipto en 2019. Las fuerzas de seguridad habían detenido a Amr Hashad en 2014 por su activismo en el sindicato de estudiantes de la Universidad de Assiut. Amr Hashad fue condenado a tres años de cárcel tras ser declarado culpable de “unirse a una organización terrorista, tratar de derrocar al gobierno e incitar a la protesta”. Desde el exilio, ha seguido documentando violaciones de los derechos humanos en Egipto.