Martes, 25 de marzo, 2025
Hernández, Daniel
Se ha detectado en América Latina un aumento de 367 refugios en los últimos años; sin embargo, se encuentran focalizados en las capitales de los países receptores o sus alrededores
En América Latina, la violencia de género sigue siendo una de las principales violaciones a los derechos humanos. Frente a esta realidad, los refugios para mujeres víctimas de violencia se han convertido en una herramienta esencial para garantizar su seguridad y bienestar. Sin embargo, un reciente estudio regional realizado por el Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI), en colaboración con el programa EUROsociAL+ de la Unión Europea, revela que, aunque ha habido avances significativos, aún persisten desafíos importantes en la implementación de esta política pública.
El informe, titulado "Estudio regional sobre los refugios para las mujeres víctimas de la violencia de género en América Latina", analiza la situación de los refugios en 16 países de la región, incluyendo Argentina, Brasil, México, Chile y Colombia.
Aumento en el número de refugios, pero insuficiente para cubrir la demanda
Desde 2008, el número de refugios en América Latina ha aumentado significativamente. Según el estudio, en 2020 se identificaron 568 refugios en los 16 países analizados, un incremento notable comparado con los 201 refugios reportados en el primer informe hemisférico del MESECVI en 2008. Sin embargo, este crecimiento no ha sido suficiente para cubrir la demanda, especialmente en zonas rurales y provincias alejadas de las capitales.
"En Brasil, por ejemplo, a pesar de contar con 178 refugios, solo el 2.5% de los municipios tienen acceso a estos servicios", señala el informe. Esta situación se repite en otros países como Guatemala, donde los refugios están ubicados en solo 5 de los 22 departamentos del país.
Ana Pérez Camporeale, coordinadora del Área de Políticas de Igualdad de Género de EUROsociAL+, destaca que "aunque ha habido un aumento en el número de refugios, la cobertura sigue siendo limitada, especialmente en áreas rurales. Esto deja a muchas mujeres sin acceso a un espacio seguro donde puedan protegerse de la violencia".
La importancia de los refugios en la prevención y atención de la violencia de género
Los refugios no solo proporcionan un lugar seguro para las mujeres víctimas de violencia, sino que también ofrecen servicios integrales que les permiten reconstruir sus vidas. Según el estudio, la mayoría de los refugios brindan atención psicológica, asesoría jurídica y capacitación laboral. Además, muchos admiten a mujeres con sus hijos e hijas, lo que es fundamental para garantizar su seguridad y bienestar.
En Argentina, el programa "Acompañar" ofrece un subsidio económico por seis meses a las mujeres víctimas de violencia, lo que les permite tener un mínimo de autonomía económica durante su estancia en el refugio. "Este tipo de apoyo es esencial para que las mujeres puedan salir de situaciones de violencia y comenzar una nueva vida", explica Gloria Camacho, presidenta del Comité de Expertas del MESECVI.
Sin embargo, no todos los países cuentan con este tipo de programas. El estudio revela que nueve de los 16 países analizados no ofrecen apoyo financiero a las mujeres albergadas, lo que dificulta su proceso de reinserción social y económica.
El estudio del MESECVI destaca que Venezuela no proporcionó datos oficiales consolidados sobre sus refugios, lo que dificulta una evaluación completa de su situación. Sin embargo, mediante fuentes alternativas, como documentos del Instituto Nacional de la Mujer (Inamujer) y un informe de UNFPA, se identificó que el país cuenta con al menos cuatro casas de abrigo operativas, gestionadas por el Estado.
Estas instalaciones, de ubicación confidencial, están diseñadas para proteger a mujeres en riesgo inminente de muerte, junto a sus hijos e hijas menores de 12 años. Según el informe, entre 2001 y 2017 se albergaron alrededor de 1,400 mujeres y menores.
Además, las usuarias deben cumplir requisitos estrictos, como no presentar condiciones psiquiátricas o adicciones, lo que excluye a mujeres con necesidades complejas. Aunque existe un marco legal robusto —como la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2006)—, la crisis socioeconómica y la falta de evaluaciones públicas sobre estos servicios dejan en duda su eficacia real. "Sin datos oficiales ni informes de gestión, es imposible medir el impacto de estas políticas", advierte el estudio.
Desafíos persistentes: Presupuesto, cobertura y evaluación
A pesar de los avances, el estudio identifica varios desafíos que persisten en la región. Uno de los principales es la falta de presupuesto. En muchos países, los refugios dependen de fondos municipales o de organizaciones no gubernamentales, lo que dificulta su sostenibilidad a largo plazo. Durante la pandemia de COVID-19, varios países reportaron recortes presupuestarios significativos, lo que afectó la operación de los refugios.
"En México, los fondos para refugios se redujeron en un 70%, y en Guatemala, la disminución fue del 90%", señala el informe. Esto llevó al cierre temporal de algunos refugios y dejó a miles de mujeres sin acceso a un espacio seguro durante una época en la que la violencia de género aumentó radicalmente debido al confinamiento.
Otro desafío importante es la falta de mecanismos de evaluación y seguimiento. Según el estudio, solo ocho de los 16 países cuentan con sistemas de evaluación que permiten identificar obstáculos y mejorar la calidad de los servicios. "Es casi imposible avanzar en el mejoramiento de las políticas públicas sin tener referencias de los resultados obtenidos", advierte el informe.
Buenas prácticas que inspiran
A pesar de los desafíos, el estudio destaca varias buenas prácticas que podrían servir de inspiración para otros países. Por ejemplo, en Costa Rica, los refugios cuentan con buzones de quejas donde las usuarias pueden denunciar problemas de manera confidencial. "Este mecanismo permite a las mujeres expresar sus preocupaciones sin temor a represalias, lo que contribuye a mejorar la calidad de los servicios", explica el informe.
En Chile, los refugios realizan evaluaciones periódicas que permiten identificar nudos críticos y realizar ajustes en los programas. "Este enfoque ha permitido mejorar la coordinación entre las instituciones y garantizar una atención más efectiva a las mujeres víctimas de violencia", señala el reporte.
Recomendaciones para fortalecer los refugios en la región
El estudio concluye con una serie de recomendaciones para fortalecer los refugios en América Latina. Entre ellas destacan:
● Aumentar el número de refugios: Es necesario ampliar la cobertura, especialmente en zonas rurales y provincias alejadas.
● Mejorar el presupuesto: Los Estados deben incrementar las partidas presupuestarias para garantizar la sostenibilidad de los refugios.
● Garantizar la confidencialidad: Es fundamental proteger la ubicación de los refugios para garantizar la seguridad de las mujeres.
● Realizar evaluaciones periódicas: Se recomienda implementar mecanismos de monitoreo y evaluación para mejorar la gestión de los refugios.
"Los refugios son una herramienta esencial para garantizar la seguridad y el bienestar de las mujeres víctimas de violencia. Sin embargo, para que cumplan su función, es necesario que los Estados inviertan en su fortalecimiento y mejora continua", concluye Ana Pérez Camporeale.
Aunque ha habido avances significativos, los desafíos persisten, y es fundamental que los Estados, las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad internacional trabajen juntos para garantizar que todas las mujeres tengan acceso a un espacio seguro donde puedan reconstruir sus vidas luego de emigrar de sus países de origen.
Como bien lo expresa Gloria Camacho, "la violencia de género es un fenómeno complejo y multicausal, arraigado en lo más profundo de nuestras sociedades. Su abordaje, tratamiento y erradicación requieren esfuerzos sistémicos, sostenidos y multidisciplinarios". Los refugios son un paso crucial en esa dirección, pero aún queda mucho por hacer.