El 24 de febrero de 2022, Rusia inició su invasión a gran escala de Ucrania. Para millones de familias de todo el país, este momento marcó el comienzo de una pesadilla que no ha cesado. Con motivo del tercer aniversario, Olga Padey relata la trágica pérdida de su sobrina Anastasia, apasionada por la gimnasia,, y de su sobrino Maksym, que era un joven campeón de kárate. Ambos murieron, junto con su madre, cuando un misil ruso impactó en su casa en Kiev, lejos del frente. Cientos de miles de personas ucranianas han muerto o han resultado heridas desde el comienzo de la invasión a gran escala. Amnistía Internacional ha documentado las historias de decenas de familias que han perdido a sus seres queridos debido a la agresión rusa.
Mi hermano, Vasya, perdió a toda su familia: su esposa y sus dos hijos, mi sobrina y mi sobrino. El 8 de julio de 2024, un misil ruso cayó en su edificio residencial cerca del centro de Kiev. Mi hermano estaba de viaje de trabajo, así que sobrevivió, aunque su vida también acabó. Todos los días, mañana y tarde, él acude al cementerio donde están enterrados su hijo, su hija y su esposa. Ahora se ha reconstruido la casa donde vivían, pero él nunca volvería allí. Vive en el campo
Le pregunté si yo debía hablar de lo que pasó. ¿Es importante que la gente lo oiga? Sabemos que no nos devolverá a nuestros seres queridos. Pero él me dijo que sí. Que haya un recuerdo. Que sea una gota en el mar. Un hilo de la camisa. Un recuerdo, un recuerdo… Un recuerdo de ellos.
Mi sobrino Maksym tenía 10 años. Fue un niño muy esperado y querido. Mi esposo era su padrino. A Maksym le encantaba el kárate, era un campeón. Iba mucho a pescar con su padre, era como él. Nuestra pequeña Anastasia, Nastya, tenía ocho años. Siempre estaba abrazada a su madre, le encantaba la gimnasia rítmica y soñaba con ser bloguera. “Os lo demostraré a todos”, prometía. Zoryana, la mujer de mi hermano, era tranquila y cuidadosa. En su casa, todo estaba siempre limpio, cocinado, listo; siempre me asombraba cómo se las arreglaba para hacerlo todo. Nunca se quedaba sentada sin hacer nada; siempre encontraba algo que hacer.
Tengo muchas fotos y vídeos en los que están riendo, hablando, corriendo. Son recuerdos felices de una familia feliz. Pero por mucho que intente recordar sólo lo bueno, cada día me acuerdo del edificio destruido, de aquella imagen. ¿Se me olvidará algún día?
No se habrían salvado en el sótano, porque se derrumbó. Quedó completamente destruido
Olga Padey
A Zoryana, la mujer de mi hermano, le daban miedo los cohetes. Estaba asustada. Sé que solían bajar al sótano durante los ataques aéreos. Esta vez, no lo hicieron. Pero el sótano no los habría salvado, porque se derrumbó. Quedó completamente destruido. Si hubieran bajado allí, habrían tardado mucho tiempo en buscarlos. En lugar de eso, se escondieron en el cuarto de baño, siguiendo la regla de las dos paredes. Vivían en el segundo piso, donde cayó y explotó el cohete.
Era un día normal. Hablé con mi hermano por la mañana; me dijo que había salido de casa para ir a trabajar. Hablamos unos 10 minutos. Después, ese mismo día, empezaron a sonar las sirenas, hubo explosiones cuando los rusos atacaron un hospital infantil. Mi hermano volvió a llamarme. Pensé: “Maldita sea, acabamos de hablar esta mañana y ahora me llama otra vez”.
Dijo: “Parte del edificio se derrumbó, Zoryana y los niños estaban allí, probablemente en casa”. Se lo dije a mi esposo, despertamos rápidamente a nuestro hijo y fuimos para allá. Cuando llegamos, el Servicio Estatal de Situaciones de Emergencia, estaba buscando personas entre los escombros. Entonces volvieron a sonar las sirenas y se interrumpió el trabajo.
Permanecimos junto al edificio todo el tiempo. Nadie contestaba al teléfono. Intenté averiguar si los habían llevado al hospital, si los habían encontrado ya, llamé a distintos hospitales.
Los cadáveres fueron hallados ese mismo día. El personal de primera intervención sacó a una chica. Me pareció un poco mayor que mi sobrina, y tenía un mechón de pelo morado. Dije: “No es Nastya”. Nastya está viva en algún lugar, ¡todo está bien! Pero era Nastya. El día antes, habían ido a la peluquería. Maksym se cortó el pelo, y Nastya se hizo un mechón de pelo morado. No lo sabíamos. Cuando me pidieron que identificara a Maksym, no lo reconocí. Llevaba un corte de pelo nuevo y no tenía cara.
En aquel momento, mi hermano estaba regresando a Kiev desde otra ciudad. Cuando llegó, habían encontrado a Zoryana. Le faltaba la cabeza.
Supe que iba a tener un hijo durante el primer año de la guerra a gran escala. Llevaba mucho tiempo esperando ser madre. Lo deseaba muchísimo. Y sólo gracias a mi hijo sigo aguantando. Todos los días pienso en Zoryana, en Maksym y Nastya, en mi hermano. Pienso en las familias, como la familia en la que el padre perdió a su esposa y a sus tres hijas en Leópolis. O la familia de Járkov, donde fueron asesinados la madre y sus tres hijos.
En Ucrania, ahora mismo no hay ningún lugar seguro. Está muriendo muchísima gente. Pero para mí, supone una conmoción cada vez… Espero que se haga justicia. Que se exija responsabilidad a todos los que dan las órdenes. Y también a quienes ejecutan directamente esas órdenes. ¿Cuándo sucederá? Espero que pronto.
Firma la petición para que detengan los ataques contra la población civil de Ucrania
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